Álex de la Iglesia: el gamberro genial que puso a España a bailar sobre el abismo
Del cómic al cine, el director bilbaíno lleva tres décadas mezclando terror, comedia negra y esperpento para retratar a un país al borde del ataque de nervios.
“En el cine de De la Iglesia la carcajada y el horror comparten el mismo plano: nunca sabes si vas a reírte o a taparte los ojos, y esa es exactamente su intención.”
Hay directores que quieren que admires su cine y hay directores que quieren que te lo pases en grande incluso cuando te aterran. Álex de la Iglesia pertenece al segundo grupo, el de los cineastas que entienden la sala como una montaña rusa. Nacido en Bilbao en 1965, empezó como historietista antes de dar el salto a la dirección, y esa raíz de dibujante de tebeos nunca lo abandonó: su cine es viñeta desatada, exagerado, físico, lleno de personajes al borde del colapso y de una energía que arrolla.
Su lugar en el cine español es singular porque es un autor con firma inconfundible que, a la vez, nunca renegó del cine popular. Fue presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, cargo del que dimitió por su desacuerdo con la Ley Sinde, en un gesto que lo retrató entero: un cineasta incómodo, con opiniones y sin miedo a las consecuencias. Pero, sobre todo, es el hombre que enseñó a varias generaciones a reírse del apocalipsis.
El día que reinventó el cine español
Todo estalló con El día de la bestia, la película que en 1995 lo convirtió en fenómeno. Un cura convencido de que el Anticristo nacerá en Madrid se alía con un joven metalero para invocar al diablo y evitar el fin del mundo: comedia, terror y crítica social en una mezcla que no se había visto antes en España y que ganó el Goya a la mejor dirección. Aquella película fundó un estilo —el "delaiglesismo"— y demostró que el cine español podía ser gamberro, urbano y endiabladamente divertido sin dejar de tener algo que decir.
Antes ya había avisado con Acción mutante, su ópera prima producida por Almodóvar, una distopía de ciencia ficción protagonizada por una banda terrorista de seres deformes que odian a los guapos y ricos. Ese cóctel de humor negro, deformidad y venganza de clase estaba ya todo ahí, en germen: De la Iglesia llegó al cine con el mundo entero dentro de la cabeza.
El esperpento como método
Si algo define su filmografía es la herencia del esperpento de Valle-Inclán: la deformación grotesca de la realidad para contar una verdad más honda. En La comunidad convirtió una escalera de vecinos madrileña en un campo de batalla por un botín escondido, con Carmen Maura desatada; una fábula feroz sobre la codicia española. Y en The Last Circus llevó su obsesión hasta el delirio: dos payasos desfigurados se enfrentan a muerte por el amor de una bailarina mientras, de fondo, la Guerra Civil y el franquismo desangran al país. Es su película más ambiciosa y salvaje, un retrato de España como un circo de horrores del que no se sale indemne.
Su vertiente de terror no ha dejado de crecer, siempre teñida de humor: la comedia de brujas caníbales de Witching & Bitching, el western de vampiros que nunca deja de guiñar el ojo, o el slasher veneciano contra el turismo masivo. Y sabe encerrar a sus personajes para hacerlos estallar: The Bar, un grupo atrapado en una cafetería mientras un francotirador dispara fuera, es puro suspense de olla a presión donde lo peor no está en la calle, sino dentro.
Del cine de género al fenómeno de sala
Aunque su marca es el género, De la Iglesia también ha sabido leer el pulso del público. Con Perfect Strangers firmó la versión española del éxito italiano sobre una cena donde cuatro parejas exponen los secretos de sus móviles, un fenómeno de taquilla que demostró su olfato comercial. Y en clave más cruda dirigió Perdita Durango, su incursión más internacional y transgresora, un viaje de violencia y culto satánico rumbo a Las Vegas.
Lo que une a toda su obra —del thriller matemático a la comedia coral, del terror al documental— es una mirada: la de un dibujante que ve el mundo un poco torcido y disfruta apretando la deformación hasta que el espectador ríe y tiembla a la vez. Pocos directores españoles han sido tan reconocibles y tan libres.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| El día de la bestia | 1995 | Director | — | — | 7,3 |
| La comunidad | 2000 | Director | — | — | 6,9 |
| The Last Circus | 2010 | Director | — | — | 6,7 |
| Acción mutante | 1993 | Director | — | — | 6,2 |
| Witching & Bitching | 2013 | Director | — | — | 6,4 |
| The Bar | 2017 | Director | — | — | 6,3 |
| Perfect Strangers | 2017 | Director | — | — | 6,7 |
| Perdita Durango | 1997 | Director | — | — | 6,5 |
Conviene decirlo claro: la comunidad de Cinalis todavía no ha puesto nota a la obra de De la Iglesia. Ninguna de estas películas reúne aún suficientes valoraciones de nuestros usuarios, así que la tabla mide más el alcance de su cine que el veredicto de la comunidad. Para cualquiera que quiera entender el cine español moderno, su filmografía es material imprescindible por descubrir y puntuar.
Qué ver primero
Si quieres entrar en su universo, empieza sin dudarlo por El día de la bestia: es su clásico fundacional y la mejor puerta a su mezcla de risa y apocalipsis. Después ve La comunidad para disfrutar de su esperpento más afilado sobre la codicia española. Y si quieres su versión más ambiciosa y desatada, The Last Circus es un viaje inolvidable al corazón grotesco de España. Puedes recorrer el resto de su trayectoria en su ficha.










