Begoña Vargas: la madrileña que bailó antes de actuar
De los escenarios de danza a los pasillos de un piso encantado en Malasaña, la actriz madrileña se ha hecho un nombre a fuerza de personajes que no piden permiso.
“Con 10 años comenzó sus estudios de danza moderna; el cuerpo fue su primera herramienta de interpretación.”
Antes de que su cara se hiciera reconocible en televisión y cine, Begoña Vargas ya había pasado años puliendo un instrumento que no siempre se asocia con la actuación: el cuerpo. Nacida en Madrid en 1999, empezó a estudiar danza moderna a los 10 años en la Escuela Municipal de Música, Teatro y Danza de Loeches. Esa raíz no es un dato anecdótico de biografía: explica buena parte de la presencia física y la seguridad escénica que hoy la definen frente a la cámara.
De la danza pasó a la interpretación por la vía menos glamurosa y más sólida: cursos, teatro infantil, tablas. Antes de la fama televisiva ya se había subido a montajes basados en clásicos como Los miserables de Victor Hugo o El Conde de Montecristo. Ese recorrido de oficio, y no de casting afortunado, es la clave para entender por qué Vargas encaja tan bien en papeles de mujeres jóvenes que empujan la trama en lugar de decorarla.
La tesis de este perfil es sencilla: Vargas es una actriz de temperamento, más cómoda en la intensidad y el conflicto que en la comodidad. Sus personajes de cine —una adolescente en una casa que esconde algo, una delincuente juvenil, una mujer atrapada en una red criminal— comparten un mismo pulso: gente al borde, obligada a tomar decisiones.
De la televisión al cine de género
Vargas se dio a conocer en la pequeña pantalla interpretando a Roberta en La otra mirada (2018-2019) y a Verónica de García en la ficción de Netflix Alta mar (2019-2020). Ese aterrizaje en producciones de época y de plataforma le dio visibilidad, pero su salto al cine la mostró en un terreno más áspero.
Su primera parada notable en la gran pantalla fue 32 Malasana Street (2020), donde da vida a Amparo. La película sitúa a la familia Olmedo en el Madrid de 1976, en un piso del barrio de Malasaña que pronto revela que no están solos. Es terror de época, un registro que exige control corporal y capacidad de sostener el miedo en plano largo: precisamente lo que su formación de bailarina le permite ofrecer.
Chicas al filo
El siguiente movimiento la llevó a Outlaws (2021), donde interpreta a Tere, una de las dos jóvenes delincuentes del barrio chino de Girona que arrastran a un estudiante introvertido de 17 años a una espiral de hurtos, robos y atracos. Ambientada en el verano de 1978, es una historia sobre cruzar la línea entre el bien y el mal, y Tere es justamente ese umbral hecho personaje: la tentación, el peligro y la ternura en una misma figura.
En Centauro (2022), remake de la película francesa Burn Out de Yann Gozlan, Vargas es Natalia. El relato gira en torno a Rafa, un aspirante a piloto profesional de motociclismo que pone su talento al servicio de una organización criminal para saldar una deuda que amenaza a su familia. En ese universo de velocidad y decisiones irreversibles, sus personajes vuelven a habitar la zona de riesgo que parece atraerla como actriz.
Vistas en conjunto, estas tres películas dibujan una filmografía joven pero coherente: cine de género —terror, thriller, drama criminal— con mujeres que no son víctimas pasivas ni adornos, sino motores de la tensión.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| 32 Malasana Street | 2020 | Actor (Amparo) | — | — | 6,5 |
| Outlaws | 2021 | Actor (Tere) | — | — | 6,9 |
| Centauro | 2022 | Actor (Natalia) | — | — | 6,1 |
Qué ver primero
Si quieres entender de qué es capaz Vargas en pantalla grande, hay un orden que tiene sentido.
Empieza por Outlaws, su trabajo mejor valorado en nuestra base de datos, con una nota de 6,9/10. Como Tere, encarna el peligro y la seducción de una historia de mayoría de edad ambientada en los años setenta.
Sigue con 32 Malasana Street, donde su Amparo se mueve por un terror de época madrileño que le sirve para probar el registro del miedo sostenido.
Cierra con Centauro, un thriller de motociclismo y narcotráfico que la sitúa junto a un protagonista al límite. Tres películas, tres géneros, una misma actriz dispuesta a habitar la incomodidad. No es mala carta de presentación para alguien que empezó bailando.



