Retrato · Redacción Cinalis · 27 de julio de 2026

Faye Dunaway: la mujer fatal que le puso rostro al desencanto americano

Icono de los años sesenta y setenta, ganadora del Óscar y de tres Globos de Oro, Dunaway convirtió la ambigüedad y el filo en su marca de fábrica. Un retrato de una carrera tan larga como llena de altibajos.

Faye Dunaway: la mujer fatal que le puso rostro al desencanto americano
Junto a Marlene Dietrich, Barbara Stanwyck y Lauren Bacall, se la considera una de las «mujeres fatales» más famosas de la historia del cine.

Hay actrices que interpretan personajes y hay actrices que se convierten en el clima emocional de una época. Faye Dunaway pertenece a la segunda clase. Nacida en Bascom, Florida, en 1941, esta actriz estadounidense —ganadora del Óscar, de un Emmy, de tres Globos de Oro y de un BAFTA— fue uno de los rostros que definieron el cine de los años sesenta y setenta, ese momento en que Hollywood dejó de creer en los finales limpios y empezó a mirar de frente la ambición, la corrupción y el deseo.

Dunaway nunca fue una intérprete cómoda, ni para el público ni para la industria. Figura controvertida, de fama «difícil», construyó una carrera hecha de picos altísimos y valles comerciales. Pero esa misma tensión es la que la vuelve irrepetible: pocas actrices han sabido habitar la ambigüedad con tanta elegancia. Se la incluye, con razón, en el linaje de las grandes «mujeres fatales» del cine junto a Marlene Dietrich, Barbara Stanwyck y Lauren Bacall.

La tesis de este perfil es sencilla: Dunaway no interpretó víctimas ni heroínas, sino mujeres que sabían más de lo que decían. Su mejor cine sucede en esa distancia entre lo que un personaje muestra y lo que oculta.

La irrupción: forajidos y pioneros

Su explosión llegó con Bonnie y Clyde (1967), donde encarnó a Bonnie Parker, la mitad femenina de la pareja de atracadores más célebre de la Gran Depresión. La película ofrecía una visión deliberadamente amable de dos criminales peligrosos, y Dunaway le aportó a Bonnie una mezcla de glamur, hastío y hambre de vida que sigue funcionando como retrato generacional. Fue el papel que la lanzó al centro del cine estadounidense de su tiempo.

Apenas tres años después llegó Pequeño gran hombre (1970), aquel western poco convencional narrado en flashback por un anciano de 121 años que sobrevivió al general Custer. Allí Dunaway asumió un registro distinto, más cómico y terrenal, como la señora Pendrake, demostrando que su registro iba mucho más allá de la femme fatale con la que se la etiquetaba.

El vértice: los setenta

Si hubiera que fijar el corazón de su carrera, sería la década de los setenta. En Los tres mosqueteros: Los diamantes de la reina (1973) dio vida a la temible Lady de Winter, y en el mismo circuito de cine popular participó en el desastre a gran escala de El coloso en llamas (1974).

Pero fueron dos títulos los que la fijaron en la historia. Chinatown (1974) le entregó a Evelyn Cross Mulwray, quizá el papel más enigmático de su filmografía: en ese noir amargo ambientado en Los Ángeles de 1937, Dunaway construye una mujer envuelta en un secreto que el detective Gittes tarda demasiado en descifrar. Toda su interpretación es un ejercicio de contención, de verdad guardada bajo llave. La película es una de las mejor valoradas de su carrera para la crítica.

Justo después llegó Network, un mundo implacable (1976), sátira feroz sobre la televisión y la audiencia como negocio. Su Diana Christensen —la ejecutiva capaz de convertir la autodestrucción de un presentador en producto rentable— es una de las creaciones más frías y modernas del cine de los setenta, una mujer que encarna el momento en que el espectáculo devora a la ética. En medio, la elegancia del thriller de espías con Los tres días del Cóndor (1975), junto a Robert Redford, y el giro hacia el terror psicológico de Los ojos de Laura Mars (1978).

La deriva y la reinvención

La carrera de Dunaway, ya se dijo, estuvo llena de altibajos. Queridísima mamá (1981), su encarnación de Joan Crawford a partir del libro de la hija adoptiva de la actriz, recibió en su día muy malas críticas y con el tiempo se transformó en un clásico «camp» con seguidores devotos: un caso raro de fracaso reciclado en objeto de culto. Y el fantasy Supergirl (1984) la puso del lado de la villanía en un tono muy distinto.

En su madurez encontró papeles de gran densidad: la Wanda alcohólica de El borracho (1987), la Serena Joy de la distopía El cuento de la doncella (1990), o la Wilhelmina Cooper de Gia (1998). También trabajó con Emir Kusturica en El sueño de Arizona (1993) y volvió al universo de Thomas Crown en 1999 con un breve papel. Su filmografía llega hasta títulos recientes como El caso de Cristo (2017), prueba de una longevidad profesional poco común.

Sus películas según la comunidad de Cinalis

PelículaAñoPapelCinalis /10VotosMundo /10
Chinatown1974Actor (Evelyn Cross Mulwray)7,9
Network, un mundo implacable1976Actor (Diana Christensen)7,8
Bonnie y Clyde1967Actor (Bonnie Parker)7,5
Los tres días del Cóndor1975Actor (Kathy Hale)7,3
Pequeño gran hombre1970Actor (Mrs. Louise Pendrake)7,5
Queridísima mamá1981Actor (Joan Crawford)6,3
El borracho1987Actor (Wanda Wilcox)6,9
El caso de Thomas Crown1968Actor (Vicki Anderson)6,8

Qué ver primero

Si vienes desde cero, el orden es casi obligatorio. Empieza por Chinatown: es su papel más misterioso dentro de una de las cumbres del noir moderno, y basta para entender por qué su presencia definía una película entera.

Sigue con Network, un mundo implacable, donde su ejecutiva de televisión anticipó, con décadas de adelanto, la lógica del espectáculo que hoy nos rodea. Y cierra con Bonnie y Clyde, el origen de todo: la película que convirtió a una joven actriz de Florida en el rostro del desencanto americano.

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