Gerardo Olivares: el documentalista viajero que trajo el mundo entero al cine español
Antes de rodar ficción cruzó tres continentes en moto, coche y camión. Retrato de un director cordobés que convirtió la aventura y la naturaleza en un cine de fronteras.
“Olivares no inventa paisajes: los recorre primero y luego los filma, y esa diferencia se nota en cada plano.”
Hay directores que aprenden el oficio en una escuela de cine y hay directores que lo aprenden en la carretera. Gerardo Olivares, nacido en Córdoba en 1964, pertenece a la segunda clase, la más aventurera. Antes de rodar su primera ficción se pasó dos décadas recorriendo el planeta cámara en mano: de Laponia al Sáhara, de Alaska a Tierra del Fuego, del Marruecos atlántico a Sudáfrica, de España a Singapur en camión. Esa mochila de viajero es su verdadera escuela, y se nota en todo lo que filma.
Su cine nace de una obsesión: mirar el mundo de frente, sobre todo allí donde otros no ponen la cámara. Fue el primer español en ganar la Espiga de Oro de la Seminci de Valladolid, uno de los festivales más prestigiosos del país, por su trabajo sobre la inmigración africana, y ha recibido reconocimientos internacionales por su cine comprometido. Documentalista de raza reconvertido en narrador de ficción, Olivares hace un cine de fronteras: geográficas, sociales y morales.
Del documental a la ficción, sin cambiar de mirada
Cuando Olivares dio el salto a la ficción, no dejó atrás su ADN documental. Su cine sigue habitado por paisajes reales, historias verídicas y personajes que rozan lo antropológico. El mejor ejemplo es Entrelobos, basada en la asombrosa historia real de Marcos Rodríguez Pantoja, el niño vendido a un pastor que acabó viviendo entre lobos en Sierra Morena. Fue una de las películas españolas más taquilleras de su año, y funcionó precisamente porque Olivares filma la naturaleza no como decorado, sino como un personaje más, con la paciencia de quien ha pasado meses observando fauna salvaje en documentales.
Ese es su sello: la certeza de que las historias más increíbles suelen ser las verdaderas. Olivares busca a los hombres y mujeres que viven al margen —nómadas, pastores, migrantes, guardafaunas— y los convierte en protagonistas de un cine que huye del artificio urbano. Su mirada tiene algo de reportero que nunca dejó de serlo, incluso cuando dirige a actores en un guion.
Naturaleza, infancia y vínculo
En su etapa de ficción, Olivares ha vuelto una y otra vez al encuentro entre la infancia, el vínculo humano y el mundo natural. En Hermanos del viento contó la historia de un chico que salva a una cría de águila y encuentra en ella el afecto que le falta en casa, una fábula sobre el duelo rodada con la belleza de un documental de fauna. Y en El faro de las orcas llevó a una madre y a su hijo autista hasta la Patagonia argentina, para narrar cómo el contacto con las orcas salvajes y con un guardafauna solitario transforma sus vidas. Es cine emocional, pero nunca facilón: la naturaleza en Olivares cura porque también es dura.
No ha olvidado tampoco el motor original de su carrera, el viaje mismo. En 4L recuperó el espíritu de sus travesías africanas en la historia de dos amigos que cruzan el Sáhara a bordo de un viejo utilitario para reencontrarse con un compañero enfermo en Mali. Es, casi, una carta de amor a la carretera que lo formó como cineasta: la aventura entendida como amistad y como forma de vida.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| Entrelobos | 2010 | Director | — | — | 6,2 |
| Hermanos del viento | 2015 | Director | — | — | 7,2 |
| El faro de las orcas | 2016 | Director | — | — | 7,0 |
| 4L | 2019 | Director | — | — | 5,9 |
Toca decirlo con franqueza: la comunidad de Cinalis todavía no ha dejado su veredicto sobre la obra de Gerardo Olivares. Ninguna de sus películas reúne por ahora valoraciones de nuestros usuarios, así que la tabla mide más el alcance de su filmografía de ficción que el juicio de la comunidad. Es un cine de descubrir: pequeño en pretensiones, enorme en geografía.
Qué ver primero
Si quieres entender por qué Gerardo Olivares es un director singular, empieza por Entrelobos: su mayor éxito y el mejor resumen de su cine, donde la historia real y la naturaleza se funden. Después ve El faro de las orcas para descubrir su vena más emotiva, con la Patagonia como escenario. Y si quieres seguir la pista del viajero que hay detrás del cineasta, 4L te lleva de vuelta al desierto que lo formó. Puedes recorrer el resto de su trayectoria en su ficha de director.




