Retrato · Redacción Cinalis · 5 de agosto de 2026

Olivia Molina, la constancia como oficio

Del aula adolescente de la televisión española a los thrillers de infiltración y la distopía, un rostro que ha crecido dentro de la pantalla chica sin dejar de reinventar su registro.

Olivia Molina, la constancia como oficio
En Bajo sospecha, la ficción convierte a dos agentes en un matrimonio recién llegado a un pueblo: la mentira como método, la sospecha como aire que se respira.

Olivia Molina nació en Eivissa en 1980, y su carrera se lee como un mapa de la televisión española de las últimas décadas: los institutos de ficción, los thrillers de intriga, las distopías de sobremesa y las historias corales. Es, ante todo, una intérprete de la pantalla chica, y no como una etiqueta menor sino como un territorio que ha habitado con oficio y continuidad.

Lo interesante de su trayectoria no es un único papel deslumbrante, sino la cadencia con la que ha ido cambiando de piel: de la profesora a la sospechosa, de la superviviente distópica a la comedia emotiva. Molina pertenece a esa clase de actores que sostienen una serie desde dentro, sin necesidad de acaparar el foco, y a los que se reconoce por su presencia acumulada más que por un solo golpe de efecto.

Este perfil recorre una selección de sus títulos en el catálogo de Cinalis. No es su carrera completa, sino una muestra que basta para dibujar la tesis: la constancia entendida como oficio.

El aula como punto de partida

Dos de sus trabajos más reconocibles comparten el mismo escenario: el instituto. En Al salir de clase, la serie situaba a un grupo numeroso de adolescentes en un centro de Madrid donde se relacionaban, salían y se enamoraban; Molina aparecía como Nadine Martín. Años más tarde, en Física o química, interpretó a Verónica Lebrón dentro del instituto Zurbarán, un espacio donde profesores y alumnos convivían con problemas muy reales —abuso de alcohol, drogas, racismo, homofobia— que ponían a prueba la capacidad de los docentes y las decisiones tomadas en plena adolescencia.

Ambos títulos comparten ADN: la ficción juvenil española como retrato generacional, con el aula convertida en caja de resonancia de conflictos que exceden el temario. De estos dos, Física o química es la que reúne un respaldo de votos más sólido, con un 8,3 sobre 301 votos en la media mundial, una cifra que la sitúa como una de las series mejor valoradas de esta selección.

De la sospecha a la distopía

A partir de ahí, Molina se mueve hacia registros más adultos y tensos. En Bajo sospecha encarnó a Belén Yagüe Sotelo dentro de una trama de infiltración: tras la desaparición de una niña de siete años el día de su primera comunión, dos agentes se hacen pasar por un matrimonio recién llegado al pueblo de Cienfuegos para colarse en el entorno de la familia. Es un thriller donde todos son sospechosos y la mentira se convierte en método de trabajo, un terreno que exige a los actores manejar dobles fondos y silencios.

En Luna, el misterio de Calenda, Molina fue Olivia Pando en un relato de intriga rural: una jueza se traslada con su hija a un pequeño pueblo para rehacer su vida y descubre que Calenda no es el lugar apacible que suponía, con leyendas viejas que los vecinos usan para explicar lo inexplicable. Y en La valla dio vida a Julia dentro de una distopía ambientada en la España de 2045, donde un cambio de régimen ha dividido a la población en un Sector 1 de privilegiados y un Sector 2 para el resto, separados por una valla y una lucha diaria por la supervivencia.

Esa progresión —del misterio de pueblo a la ciencia ficción social— muestra a una actriz cómoda en atmósferas de amenaza, capaces de sostener la tensión episodio a episodio.

Los saltos al cine y los registros recientes

Aunque su obra es mayormente televisiva, hay incursiones en el cine que amplían su registro. En la película Memoria de mis putas tristes, Molina interpretó a la joven Casilda Armenta, dentro de un relato sobre un viejo periodista soltero que, para celebrar sus noventa años, se enreda en una historia de amor inesperada. Más recientemente, en The House fue Silvia en un drama familiar donde tres hermanos regresan a la casa donde crecieron tras la muerte del padre, con la intención de venderla y la tentación de reencontrarse con el pasado.

En televisión, su papel de Concha en El mejor infarto de mi vida la lleva a un registro más emotivo y luminoso: basada en hechos reales, la serie sigue a un escritor fantasma de vida desordenada que sufre un infarto lejos de casa, un suceso que resignifica su existencia y la de quienes lo rodean. Es un giro hacia la comedia dramática que confirma su elasticidad para pasar de la intriga al humor con la vida como telón de fondo.

Su obra en Cinalis

TítuloTipoAñoPapelMundo /10
Física o químicaSerie2008Actor (Verónica Lebrón)8,3
Bajo sospechaSerie2015Actor (Belén Yagüe Sotelo)7,4
La vallaSerie2020Actor (Julia)7,0
Luna, el misterio de CalendaSerie2012Actor (Olivia Pando)7,2
El mejor infarto de mi vidaSerie2025Actor (Concha)7,5
The HousePelícula2024Actor (Silvia)6,8
Memoria de mis putas tristesPelícula2011Actor (Casilda Armenta (young))6,4
Al salir de claseSerie1997Actor (Nadine Martín)6,3

Qué ver primero

Para entrar por la puerta grande, Física o química: es el título con más respaldo de votos de esta selección y la mejor muestra de la ficción generacional en la que Molina se hizo un nombre.

Si buscas tensión y misterio, Bajo sospecha ofrece el juego de infiltración y sospecha en el que su registro adulto se despliega con precisión.

Y para ver su faceta más reciente y emotiva, El mejor infarto de mi vida muestra a una actriz dispuesta a moverse hacia la comedia dramática sin perder el pulso. Tres puertas distintas para una misma constancia.

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