Paul Naschy: el hombre lobo que le dio a España su propio cine de terror
Jacinto Molina, levantador de pesas madrileño, se inventó un monstruo español para plantarle cara a los clásicos de Hollywood, y acabó convertido en el rostro del fantástico patrio.
“Naschy no imitaba a los monstruos de la Universal: se los apropiaba y les daba pasaporte español.”
En un país donde el cine de terror apenas existía como industria, un madrileño llamado Jacinto Molina Álvarez decidió inventárselo casi con sus propias manos. Bajo el nombre artístico de Paul Naschy —que sonaba más internacional y más siniestro— se convirtió en actor, guionista y director, y participó en más de cien películas y series a lo largo de su vida. Fue, sin exageración, el gran patriarca del fantástico español, la prueba de que también aquí se podían fabricar monstruos.
Su vocación tuvo un origen preciso, según él mismo contaba: quedó marcado tras ver de niño una película en la que se enfrentaban Frankenstein y el hombre lobo. Esa imagen le acompañó toda la vida y lo empujó a crear su propia criatura. A partir de 1968 se convirtió en uno de los intérpretes más célebres del hombre lobo, un papel al que volvería una y otra vez, película tras película, hasta hacerlo indistinguible de sí mismo.
Waldemar Daninsky, el lobo español
El personaje que Naschy convirtió en leyenda fue Waldemar Daninsky, un noble condenado a transformarse en licántropo bajo la luna llena. Lo interpretó tantas veces que se volvió su alter ego monstruoso, su versión española del Lon Chaney Jr. de la Universal. En La noche de Walpurgis enfrenta a su hombre lobo con una condesa vampira resucitada de entre los muertos, en una de las películas que cimentaron su fama dentro y fuera de España. Volvió al mismo pozo de maldiciones en El retorno de Walpurgis, donde el linaje de los Daninsky arrastra una condena secular que lo obliga, otra vez, a aullar a la luna.
Naschy entendió antes que nadie que el terror gótico —castillos en ruinas, tumbas profanadas, ceremonias satánicas— podía trasplantarse a la Europa de los años setenta y funcionar. En El espanto surge de la tumba interpreta a un caballero decapitado en el siglo XV que jura venganza y regresa siglos después para cumplirla, un festín de espiritismo y maldición familiar en el que Naschy se multiplica en varios papeles. La ambición desbordaba siempre el presupuesto, pero esa era precisamente su gracia.
Del monstruo clásico al horror íntimo
No todo eran licántropos y vampiros. Uno de sus trabajos más reivindicados es El jorobado de la Morgue, donde encarna a Gotho, un jorobado que trabaja en un depósito de cadáveres, marginado por todos salvo por la única mujer que lo trata con ternura. Cuando ella muere, su dolor lo arrastra a lo macabro. Es Naschy en estado puro: el monstruo no como amenaza, sino como criatura herida y enamorada, un motivo que recorre buena parte de su cine y que lo emparenta con los grandes del género.
Su afán por resucitar a los clásicos alcanzó su punto más delirante en Los monstruos del terror, un disparate en el que un extraterrestre pretende dominar la Tierra devolviendo a la vida a Drácula, la momia, el monstruo de Frankenstein y, cómo no, el hombre lobo. Y en El gran amor del conde Drácula se puso él mismo la capa del vampiro más famoso de la historia, demostrando que ningún monstruo del panteón universal se le resistía.
El artesano que también dirigió
Naschy no se conformó con actuar y escribir sus propios guiones: también se puso detrás de la cámara. La bestia y la espada mágica, que dirigió en los años ochenta, es una de esas incursiones en las que controlaba de principio a fin el universo que había creado, con la condesa Bathory y su hombre lobo de siempre. Ese control total sobre su obra —actor, guionista, director— lo convierte en una figura irrepetible del cine español, un autor disfrazado de artesano de género.
Su influencia sobrevive. Décadas después, el cine de animación español lo homenajeó al contar con su voz para el arcipreste de El Apóstol, la primera producción de stop-motion con plastilina hecha en España, un relato de terror rural que recoge el testigo de todo lo que Naschy había sembrado. Falleció en Madrid en 2009, pero su aullido sigue resonando cada vez que alguien reivindica que el terror también habla español.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| The Werewolf Versus the Vampire Woman | 1971 | Actor (Waldemar Daninsky) | — | — | 5,4 |
| El jorobado de la Morgue | 1973 | Actor (Gotho) | — | — | 5,9 |
| El retorno de Walpurgis | 1973 | Actor (Waldemar Daninsky / Irineus Daninsky / Werewolf) | — | — | 5,4 |
| El espanto surge de la tumba | 1973 | Actor (Alaric de Marnac / Hugo de Marnac / Armand de Marnac) | — | — | 5,5 |
| Night of the Werewolf | 1981 | Director | — | — | 6,2 |
| Assignment Terror | 1970 | Actor (Waldemar Daninsky) | — | — | 5,0 |
| Count Dracula's Great Love | 1973 | Actor (Count Dracula / Dr. Wendell Marlow) | — | — | 4,8 |
| El Apóstol | 2012 | Actor (Arcipreste (voice)) | — | — | 7,3 |
La comunidad de Cinalis todavía no ha puesto nota a estos clásicos del fantástico patrio: son películas de culto que aún esperan a sus votantes en la plataforma, así que la tabla mide más el alcance de su obra que el veredicto de nuestros usuarios. Es una invitación a redescubrir un cine que durante años se despachó con desdén y que hoy reclama, con toda justicia, su lugar en la historia.
Qué ver primero
Si quieres conocer a Paul Naschy, empieza por La noche de Walpurgis: es su hombre lobo en la cima de su popularidad y la mejor puerta a su universo de maldiciones. Después salta a El jorobado de la Morgue, donde asoma el actor detrás del monstruo, capaz de dar pena y miedo a la vez. Y para verlo estrenar capa, El gran amor del conde Drácula lo muestra apropiándose del vampiro más famoso del cine. Puedes recorrer el resto de su trayectoria en su ficha de intérprete.










