Raúl Arévalo: el actor que se convirtió en uno de los mejores directores de su generación
Del chico de Compañeros al Goya al mejor director novel, el madrileño ha demostrado que se puede pasar de secundario de lujo a autor de un solo golpe.
“Arévalo pertenece a esa rara estirpe de actores que entienden el cine desde ambos lados de la cámara.”
Hay actores que se conforman con brillar en el papel que les toca y actores que sienten la necesidad de contar sus propias historias. Raúl Arévalo, nacido en Madrid en 1979, pertenece al segundo grupo, y esa inquietud le ha convertido en una de las figuras más interesantes del cine español contemporáneo: un intérprete de raza que, cuando se puso detrás de la cámara, no dio un paso en falso.
Su historia arranca casi por casualidad. Comenzó como actor en la serie Compañeros, donde interpretó a Carlos durante dos temporadas a principios de los años dos mil, una oportunidad que le llegó cuando todavía estudiaba interpretación en la escuela de Cristina Rota. Desde entonces ha construido una carrera de secundario de lujo, ese actor cuyo nombre no siempre encabeza el cartel pero cuya presencia eleva cualquier reparto. Y sin embargo, su momento más celebrado llegó cuando decidió dirigir.
El salto a la dirección
En 2016 presentó su ópera prima como director, Tarde para la ira, en el Festival de Venecia. Protagonizada por Antonio de la Torre, la película es un thriller de venganza seco y contenido, sin una gota de grasa, sobre un hombre que sale de la cárcel para encontrarse una situación inesperada. El resultado fue arrollador: ganó el Goya a la mejor película de 2017, y Arévalo se llevó además el Goya al mejor director novel. Debutar detrás de la cámara y arrasar en los premios de la Academia es una hazaña que muy pocos pueden presumir.
Lo que hace tan notable ese debut es que Arévalo llevaba años observando el oficio desde dentro. Como actor había trabajado con algunos de los mejores directores del país, absorbiendo la puesta en escena, el ritmo, la dirección de intérpretes. Cuando le tocó mandar, tenía claro lo que quería: una película de género rodada con la precisión de un relojero y la tensión de una cuerda a punto de romperse.
Un secundario que nunca falla
Como actor, su filmografía es un catálogo del mejor cine español de las últimas dos décadas. En La isla mínima, el aclamado thriller de Alberto Rodríguez ambientado en las marismas del Guadalquivir, forma parte de una investigación policial que se convirtió en un fenómeno crítico y de público. En También la lluvia, de Icíar Bollaín, participó en una película que reflexiona con inteligencia sobre la conquista de América y la explotación contemporánea, un relato con eco directo en toda Latinoamérica al rodarse en Bolivia durante la Guerra del Agua.
Su versatilidad es enorme. Puede pasar de la comedia coral de Los amantes pasajeros, a las órdenes de Pedro Almodóvar, a la comedia generacional de Primos, donde encarnó a uno de esos tres primos desnortados que vuelven al pueblo de veraneo. Y estuvo desde el principio en el semillero del cine español reciente: en Azuloscurocasinegro, la premiada ópera prima de Daniel Sánchez Arévalo, ya asomaba el actor capaz de habitar personajes de barrio con verdad y sin subrayados.
Un talento que cruza fronteras
Su prestigio también lo ha llevado al cine internacional en español. En Mi obra maestra, una producción argentina, comparte historia con el pintor en decadencia y el galerista sin escrúpulos de una comedia agridulce sobre el arte y sus miserias. Y volvió a coincidir con Almodóvar en Dolor y gloria, la película más autobiográfica del manchego, sumándose así a esa familia de actores que el director recluta una y otra vez.
Arévalo representa una forma de entender el oficio que combina humildad y ambición. No busca el foco constante, pero cuando aparece deja huella; y cuando le toca crear, lo hace con una madurez que desmiente su condición de novel. En un cine tan dado a las jerarquías, él ha demostrado que la frontera entre actuar y dirigir es más porosa de lo que parece, y que el mejor lugar para aprender a contar una historia es haberlas vivido antes desde el otro lado.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| Marshland | 2014 | Actor (Pedro) | — | — | 7,0 |
| Pain and Glory | 2019 | Actor (Venancio Mallo) | — | — | 7,4 |
| The Fury of a Patient Man | 2016 | Director | — | — | 6,6 |
| También la lluvia | 2011 | Actor (Juan / Antonio de Montesinos) | — | — | 7,0 |
| My Masterpiece | 2018 | Actor (Alex) | — | — | 7,2 |
| Dark Blue Almost Black | 2006 | Actor (Israel (Sean)) | — | — | 6,8 |
| Primos | 2011 | Actor (Julián) | — | — | 6,6 |
| I'm So Excited! | 2013 | Actor (Ulloa) | — | — | 5,7 |
La comunidad de Cinalis todavía no ha volcado su veredicto sobre esta filmografía: los títulos aún esperan a sus votantes en la plataforma, así que la tabla ordena su obra por alcance más que por la nota de nuestros usuarios. Es una carrera —doble, como actor y como director— que merece de sobra una revisión atenta.
Qué ver primero
Si quieres entender a Raúl Arévalo, empieza por Tarde para la ira: su debut como director y una de las mejores óperas primas del cine español reciente. Después descúbrelo como actor en La isla mínima, un thriller atmosférico que se ha vuelto de culto. Y para verlo en el registro más luminoso, También la lluvia tiende un puente directo con Latinoamérica. Puedes recorrer el resto de su trayectoria en su ficha de intérprete.










