Sarah Polley: la niña actriz que aprendió a hacer las preguntas incómodas
De estrella infantil canadiense a directora ganadora del Óscar al mejor guion adaptado, Polley construyó una carrera sobre la memoria, la duda y las voces silenciadas.
“Para su debut como directora, Lejos de ella, se atrevió con una historia sobre el deterioro de la memoria y la fidelidad; el reconocimiento de la Academia llegó como guionista.”
Hay actrices que se convierten en directoras y hay directoras que estaban esperando dentro de una actriz. Sarah Polley, nacida en Toronto en 1979, pertenece a la segunda especie. Empezó como niña prodigio de la televisión canadiense —fue Ramona Quimby, fue Sara Stanley en Road to Avonlea— y creció ante las cámaras hasta convertirse en una de las intérpretes más interesantes del cine independiente norteamericano de los noventa. Pero su verdadero legado no está solo en lo que hizo delante del objetivo, sino en lo que decidió contar cuando se colocó detrás de él.
La tesis es sencilla: Polley es una cineasta obsesionada con la fragilidad de lo que creemos saber. La memoria que se deshace, la verdad que cambia según quién la relate, la fe que choca con el horror. Esos temas atraviesan su filmografía como directora con una coherencia poco común, y explican por qué en 2022 terminó recogiendo el Óscar al mejor guion adaptado por Ellas hablan, la culminación lógica de un camino que empezó mucho antes.
Lo notable es que abandonó la interpretación —hoy es una actriz retirada— sin renunciar a la sensibilidad que la hizo memorable en pantalla. Esa doble ciudadanía, la de quien conoce el oficio desde ambos lados, se nota en cada una de sus películas.
La actriz: rarezas, riesgos y ningún camino fácil
Antes de dirigir, Sarah Polley construyó un currículum de actriz que rehúye deliberadamente lo obvio. De pequeña apareció en el desmesurado universo de Terry Gilliam en Las aventuras del Barón Munchausen (1988), pero fue en la Canadá de Atom Egoyan donde encontró su tono adulto: la enigmática Exótica (1994) y, sobre todo, El dulce porvenir (1997), donde interpreta a Nicole, la superviviente de un accidente de autobús escolar que arrasa un pueblo entero. Ese drama sobre el duelo colectivo y la memoria fracturada ya contenía, en germen, los temas que Polley perseguiría como autora.
Su instinto la llevó a los márgenes: el thriller de ciencia ficción corporal eXistenZ (1999) de Cronenberg, la energía nocturna de Viviendo sin límites (1999), la delicadeza de Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005), ambas de Isabel Coixet. Incluso cuando aceptó un blockbuster de terror lo hizo con criterio: su Ana en Amanecer de los muertos (2004) es una de las heroínas más recordadas del zombi moderno. Y hay curiosidades reveladoras, como el laberinto existencial de Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009) o el perturbador experimento de Splice: Experimento mortal, donde da vida a una científica que cruza todas las líneas.
La directora: memoria, deseo y fe
El salto llegó en 2007 con Lejos de ella, su debut como directora. Para su primera película se atrevió con una historia sobre un matrimonio de largo recorrido erosionado por el alzhéimer de la esposa; el reconocimiento de la Academia llegó por la vía del guion adaptado, con una nominación al Óscar, mientras que como directora obtuvo el Canadian Screen Award. No es un tema de principiante: es el tema de toda su obra.
Siguió con Toma este vals (2011), un retrato del deseo y la insatisfacción conyugal presentado en el Festival de Toronto, y después dio el paso más audaz: Historias que contamos (2012), un documental en el que se investiga a sí misma y a su propia familia, entrevistando a personas cuyas versiones no siempre coinciden. Es la película más personal de Polley y, quizá, su declaración de principios: la verdad depende de quién la cuente. Escribió además la miniserie Alias Grace, sobre la novela de Margaret Atwood, antes de firmar Ellas hablan (2022), adaptación de Miriam Toews sobre un grupo de mujeres de una colonia religiosa que debaten cómo responder a las agresiones que han sufrido. Ese guion le dio el Óscar. La fe, el silencio, la deliberación colectiva: todo Polley cabe ahí.
Sus películas según la comunidad de Cinalis
| Película | Año | Papel | Cinalis /10 | Votos | Mundo /10 |
|---|---|---|---|---|---|
| Historias que contamos | 2012 | Director | — | — | 7,1 |
| Ellas hablan | 2022 | Director | — | — | 6,9 |
| Lejos de ella | 2007 | Director | — | — | 7,0 |
| El dulce porvenir | 1997 | Actor (Nicole Burnell) | — | — | 6,9 |
| Toma este vals | 2011 | Director | — | — | 6,4 |
| Mi vida sin mí | 2003 | Actor (Ann) | — | — | 6,1 |
| Amanecer de los muertos | 2004 | Actor (Ana) | — | — | 7,1 |
| Las vidas posibles de Mr. Nobody | 2009 | Actor (Adult Elise) | — | — | 7,8 |
Qué ver primero
Si vienes a descubrir a la cineasta, empieza por Historias que contamos: ningún otro título explica mejor su fascinación por la memoria y las versiones enfrentadas de un mismo hecho. Después, salta a Ellas hablan, su película más premiada y la que condensa su madurez como directora y guionista.
Y para entender de dónde viene, rescata a la actriz en El dulce porvenir: ese drama de Egoyan sobre un pueblo herido es el eslabón que conecta a la intérprete de los noventa con la autora que vendría después. Tres películas, un mismo hilo: la sospecha de que la verdad nunca es una sola.










