Al amanecer del 24 de octubre de 2014, Alan Eustace, un ejecutivo de Google de 57 años, asciende lentamente al aire colgado debajo de un globo de helio. Este ascenso es la culminación de tres años de planificación bajo una misión secreta absoluta que comenzó como un garabato en una servilleta de papel. Eustace se dio cuenta de que como ciudadano privado no puedes simplemente entrar en una tienda y comprar un traje espacial. Decidió que tendría que recurrir a las mentes más brillantes del país para innovar una nueva invención tecnológica con el fin de hacer que su sueño se hiciera realidad.
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