París, 1940. Las fuerzas de ocupación alemanas crean una nueva empresa de producción cinematográfica, Continental, y ponen a Alfred Greven – productor, cinéfilo y empresario oportunisto – al mando. Durante la ocupación, bajo las órdenes de Joseph Goebbels, Greven contrata a los mejores artistas y técnicos del cine francés para producir películas exitosas y muy entretenidas, que también están estratégicamente desprovistas de propaganda. Al mismo tiempo, se aprovecha de la confiscación de propiedades judías para comprar cines, estudios y laboratorios, con el fin de controlar toda la línea de producción. Su objetivo: crear un Hollywood europeo. Entre las treinta películas producidas bajo los auspicios de Continental, varias son consideradas, hasta hoy en día, clásicos del cine francés.
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