El café está casi vacío. Un cliente intenta en vano elegir una comida a su gusto. La camarera y dos meseras están discutiendo un reciente programa de radio en el que un camarero jubilado habla sobre la difícil situación de sus colegas en los viejos tiempos. El cliente está nervioso: el borscht es imposible de comer, los cangrejos ya no tienen caparazón, la leche está agria, la cerveza está caliente.... El cliente desilusionado, al marcharse, dice que fue él quien habló en la radio. Las meseras se disculpan: pensaban que era un cliente corriente, pero ahora lo atenderán enseguida. El hombre se niega y de una manera peculiar - mediante versos y ejemplo personal - da una lección sobre servicio cultural.
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