En una serie de viñetas digitales oníricas, dos hadas salvajes se involucran en un ritual erótico cada vez más intenso. A través de la poesía lírica y la imaginería oneírica, la película mitifica la práctica homosexual de "cruising": encuentros sexuales clandestinos en espacios públicos. Analogiza esta costumbre queer a cuentas ancestrales pan-europeas de ceremonias de hadas y equipara el círculo de hadas –un portal mítico al inframundo– a los espacios liminales del mundo real donde históricamente ocurrió el cruising. Estos encuentros sensuales y mágicos tienen lugar entre mundos. Espacios que no han sido completamente recuperados por la naturaleza, pero que ya no son el dominio del hombre; aludiendo tanto a las creencias antiguas de que el reino de las hadas se ubicaba en algún lugar entre la humanidad y lo salvaje, como a la historia de la sexualidad queer: a menudo relegada a los márgenes de la sociedad.
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