La señora Vargas ha decidido que su hija Alma se casará con el duque Pablo Dominguez, un buen partido para ella, pero no de su agrado. Sabiendo que la discusión era inútil, Alma decidió huir en lugar de consentir una unión que encontraba repugnante. Un valiente conductor de camión la lleva al sur de Francia, donde se hace a la mar hacia las Islas Baleares. En el barco, conoce a dos amigables polizones, Miguel y Pierrot. Sin un céntimo, Alma encuentra trabajo en una posada abandonada por los clientes. Miguel y Pierrot consiguen que los contraten para animar la sala con sus canciones, y pronto atraen a una gran clientela, en su mayoría femenina.
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