El joven aprendiz de sepulturero Deodato corre el riesgo de perder su trabajo. Los demás sepultureros dudan de su capacidad para realizar el trabajo. Su tío Jaca intenta hacerle apreciar el trabajo, pero es inútil: el trabajo angustia a Deodato, que tiene aspiraciones artísticas. Prefiere tocar el órgano de la iglesia en secreto y deambular por el cementerio escribiendo poemas. Después de desmayarse durante uno de los entierros, es llamado a la oficina, donde se enfrenta a Aloizio, el administrador del cementerio...
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