Keke es una joven con un padre y una madre cariñosos, así como amigos leales. Le diagnostican Rhabdomyosarcoma (un cáncer de tejidos conectivos), lo que es inusual a su edad. Después de someterse a veinticinco sesiones de quimioterapia, la antes sana y hermosa Keke se encuentra enfermiza y calva, con el rostro desfigurado. Aunque el tratamiento inicialmente funciona, el cáncer regresa un año después. Los médicos estiman que Keke tiene tres meses de vida. Para ayudarla a lidiar con su dolor, comienza a llevar un diario; a través de su escritura encuentra la fuerza para aguantar un año. A medida que comienza a aceptar su destino, escribe una carta a Dios en su diario, pidiendo que su familia esté a salvo.
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