Durante mucho tiempo, los fuertes lazos con China garantizaron a las empresas alemanas productos baratos y beneficios sólidos. Pero China no solo ha alcanzado en muchos ámbitos, sino que los ha superado. Lo que una vez fue una asociación se ha convertido en una dependencia. Y esta dependencia se está volviendo cada vez más difícil de ignorar. China ya no es solo una potencia económica, sino que también se está afirmando políticamente. Ya sea en la guerra de Ucrania, sus vínculos con Rusia o las amenazas continuas hacia Taiwán, China ha pasado de ser un socio silencioso en la globalización a una potencia global segura de sí misma. En Berlín, los políticos se están despertando a una nueva realidad: lo que solía ser una relación se ha convertido en dependencia, y cortar los lazos no es tan sencillo.