Cuando no tienes nada que perder, tienes todo que ganar. Léo y Al se convierten en amigos a medida que nuestro siglo llega a su fin. Por un lado, Al admite que es "un virgen pero un hombre de ciencia". Por otro, Léo sigue inocentemente sus impulsos. Ambos desarrollan una complicidad excéntrica que los aísla del mundo exterior. El tiempo pasa y Léo y Al siguen viviendo felices al margen. Nuestros dos amigos conocen a otro chico, Ed, que es bastante corriente. Trabaja para la compañía nacional de electricidad, ha comprado una casa con una hipoteca de veinte años y está atrapado en el tráfico todas las noches en su camino a casa desde el trabajo. Esa mañana, cuando Ed viene a leer el contador en el apartamento de Al, le dicen la noticia: ¡el mundo se acabará a las 11:58 de esta noche!...
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