Mu-shin, que fue madre soltera, sufrió la pérdida de su pequeña hija ciega, que falleció hace tres años. Trabajando como masajista y viviendo como una marginada social después del accidente, dejó de preocuparse y creer en nada. Su vida siguió siendo carente de sentido hasta el día en que la misma enfermedad genética que hizo que su hija se quedara ciega comenzó a afectar su vida. Sin conocer la verdadera razón, se negó inconscientemente a someterse a tratamiento. A medida que Mu-shin fue perdiendo la vista, empezó a utilizar su sentido del tacto para comunicarse con el resto del mundo. A medida que su mundo se vuelve más oscuro, se da cuenta de que su razón para adentrarse en la oscuridad no es un medio para un fin, sino un comienzo significativo de algo nuevo.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.