En el mítico sitio de Saqqara, los toros Apis fueron enterrados durante más de mil años en la inmensa necrópolis subterránea del Serapeo. Descubierta en 1850 por el egiptólogo francés Auguste Mariette, este lugar alberga un tesoro del que una parte se conserva en el Louvre. Sin embargo, el derrumbe del techo de una de las galerías había impedido al arqueólogo adentrarse en toda la necrópolis. Más de 170 años después, los egiptólogos del museo continúan la obra de su famoso predecesor. Investigan el culto al toro Apis y los misteriosos rituales que lo rodeaban, y el equipo busca especialmente acceder a las partes inexploradas, que cuentan al menos con ocho cámaras funerarias, con la esperanza de encontrar tumbas intactas.
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