Porque en algún momento, los asiáticos del sur empezaron a intentar aprovecharse de la moneda de la victimización. Quejándose de personajes de dibujos animados, de la gente que pronuncia mal nuestros nombres, y Dios sabe qué más. Pero nosotros fuimos criados mejor que eso. Nuestros padres, abuelos, tíos y tías nos enseñaron a dominar todo lo que hacemos, al igual que ellos lo hicieron cuando llegaron aquí. Y es nuestro privilegio llevar adelante esa tradición. Así que es hora de acabar con toda la basura de la victimización y recuperar nuestra identidad.
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