Algunas de las películas se presentan en tandem en interiores oscuros que se asemejan a las cuevas donde Mendieta esculpió algunas de sus últimas obras. Una de las películas muestra a la artista acostada desnuda en un arroyo, sugiriendo limpieza y renacimiento. En otra película, en la Galería Lelong, el viento agita suavemente un montón de cenizas que se eleva desde el pecho de una forma de piedra. El polvo azulado gira y se disipa de manera juguetona. Este pequeño baile sin aliento, esta coreografía casual de los elementos es lo mejor. Ana Mendieta puede haber escrito su nombre en la tierra con tinta desvanecida, pero lo hizo tan bien que no podemos borrarlo.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.