Imagina miles de gallinas apiladas capa tras capa, pasillo tras pasillo, produciendo sin cesar. Como una línea de montaje. Su comida, agua y suplementos se entregan de manera mecánica, sus huevos se recogen por cinta transportadora. Sin instinto alguno en este entorno estéril, las pobres gallinas estresadas son guiadas en su rutina por un vídeo inspirador de una gallina modelo. Un día, un tecnólogo se equivoca y mete la cinta equivocada, y el monitor muestra a una buena gallina madre rodeada de su alegre pollada. Al darse cuenta de que han sido engañadas y explotadas, todo el gallinero se levanta en revuelta. Pero no es tan fácil escapar del sistema, y pronto las gallinas terminan siendo servidas a los clientes en un restaurante de comida rápida. Cuando la comida se fabrica con el único objetivo de maximizar los beneficios, ¿cómo afecta a quienes la consumen? Este corto animado contiene una respuesta sorprendente. Una película animada sin palabras.
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