La ubicación del santuario de Artemis en Amarynthos ha permanecido durante mucho tiempo como uno de los últimos grandes enigmas arqueológicos de la Grecia Antigua. Este vasto Artemision se menciona en varios textos antiguos, que incluso llegan a especificar la distancia que separa el santuario de la antigua ciudad de Eretria. Pero a pesar de los esfuerzos de numerosas expediciones científicas desde finales del siglo XIX, nunca se ha encontrado rastro del santuario ni de su templo. En la década de 1960, un joven arqueólogo - Denis Knoepfler - se lanzó en busca del templo perdido de Artemis. Sus investigaciones pronto lo llevaron al interior de la isla de Eubea, mucho más allá de los límites de las expediciones anteriores. Harían falta cinco décadas de búsqueda, fe inquebrantable y mover toneladas de tierra para finalmente desentrañar el misterio. En 2017, un equipo suizo-griego tenaz de arqueólogos identificó formalmente el santuario de Artemis, donde Denis Knoepfler había predicho que yacía enterrado.
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