La obra de Marta Minujín se define por su naturaleza efímera, acciones que viven en el presente, performances destinadas a desaparecer debido a la falta de documentación. Durante su estancia en Nueva York, agregó el cine a su práctica artística, y al regresar a Buenos Aires, rodó una serie de cortometrajes. En Autogeografía, pone su propio cuerpo frente a la cámara, articulando la grabación y la representación en una obra de video-performance temprana. Derivada de su acción Comunicando con tierra (donde extrajo tierra de Machu Picchu que luego intercambió con otros artistas latinoamericanos), tiene lugar un ritual de purificación —Minujín se cubre con "barbarie", tierra y granos que manos anónimas le lanzan desde fuera de campo. Un territorio para la exploración donde lo absurdo abraza lo real —"Lo único que es verdad es lo que inventamos".
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