Nadie disfruta realmente del bolos. Pero de vez en cuando, te encuentras de pie en la pista con esa bola extraña en tus dedos. Pides tu bebida a través de un micrófono y tratas de actuar como si esos zapatos fueran perfectamente normales. Aprietas el puño cuando derribas todo y un bolín comienza a bailar en la pantalla. El bolos es como la vida. Es un pasatiempo ridículo, pero ocasionalmente lanzar un strike nos mantiene adelante. Una actuación sobre la falta de sentido de la existencia y cómo enfrentarla con alegría.
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