A medida que se acerca el día de la foto familiar, se desata el pánico porque hay algo que la familia aún no sabe: Barbara es Berry y no binario. Además, su larga cabellera, que siempre encantó a sus padres, ya no existe. La imagen de su hija con un vestido floral no ha sido realmente Berry durante mucho tiempo, o tal vez nunca lo fue. Excepto una vez al año, por el bien de mamá y papá. La reunión familiar se convierte en una pesadilla, y salir del armario se siente como sostener una espada de Damocles sobre la cabeza de Berry, con la implicación de "siempre tener que ser diferente..." pendiendo sobre ellos. La película nos lleva en un viaje de identidad y encarnación, constantemente desgarrado entre la ansiedad y el encontrar un sentido de pertenencia dentro de la comunidad.
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