Imagina un país donde la felicidad es el principio rector del gobierno. Imagina un pueblo que ve toda la vida como sagrada y la fuente de su felicidad, un lugar con una abundancia de energía limpia y renovable, una nación comprometida con la preservación de su cultura y cuyo progreso se mide por la obtención de la Felicidad Nacional Bruta para su gente. ¿Dónde está este Shangri-La? Bután. Pero ¿puede existir realmente un lugar como Bután? ¿Pueden hacerse realidad tales ideales? ¿Puede este pequeño país, geográficamente aislado, escondido en el Himalaya, proteger realmente su medio ambiente y su cultura mientras abre sus puertas al Occidente? La respuesta se encuentra en la visión del mundo de los butaneses, anclada en el budismo, con el simple mensaje de que la felicidad solo se puede encontrar siguiendo el camino intermedio, el camino que equilibra las necesidades del hombre con los poderosos espíritus de la naturaleza.
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