En 1971, Thierry Zéno crea un fascinante retrato del artista Georges Moinet en forma de una película de medio metraje de 16 mm. Un esquizofrénico que vive en un hospital psiquiátrico cerca de Namur, Moinet pinta. Después de permanecer mudo durante 24 años, elige este encuentro cinematográfico para explicar su enfoque artístico, revelando lo que se esconde detrás de su cosmogonía personal. Pero esta larga logorrea resulta inquietante y no proporciona posibles pistas para entender su obra, convirtiéndose gradualmente en una forma de música que se mezcla con los sonidos y el lejano, invisible bullicio del hospital. Con Alessandro Ussai detrás de la cámara y Roger Cambier responsable del sonido, Zéno se acerca a Moinet para capturar mejor su excesiva demiurgia, su existencia en los márgenes pero también su humanidad, desmontando en una serie de planos muy cerrados al hombre y sus lienzos.
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