En esta actuación, los dos artistas bloquearon sus fosas nasales con filtros de cigarrillo y presionaron sus bocas juntas, de modo que no podían inhalar nada más que la exhalación del otro. A medida que el dióxido de carbono llenaba sus pulmones, comenzaron a sudar, a moverse con violencia y a agotarse; los espectadores podían sentir su agonía a través del sonido de la respiración proyectado, que se amplificaba mediante micrófonos adheridos a sus pechos. Les tomó 19 minutos en la primera actuación y 15 en la segunda consumir todo el oxígeno en ese solo aliento y llegar al borde del desmayo.
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