Figuras andróginas luchan por ejecutar diversas tareas dentro de una monocultura sombría y vacía. Abordando la violencia inherente de lo real y lo simulado, así como el placer dudoso de ser testigo, las narrativas de seguridad, riesgo y valor de uso se ponen a prueba a través de sustitutos plásticos renderizados en 3D. Estudios de movimiento coreografiados y viñetas textuales brechtianas producen traducciones y comportamientos alternativos, tanto aceptables como indecentes. Brunt Drama manipula la escurridiza afectividad de las visualizaciones de datos destinadas a mitigar el miedo y convertirlo en consumo, presentando una simulación de lo irrepresentable, visible desde ambos lados de la pantalla.
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