Después de seis semanas de competición agotadora, Inglaterra se enfrenta a los campeones reinantes, Australia. Los dos equipos están empatados después de ochenta minutos. Muy avanzado el tiempo extra, solo quedan dos minutos en el reloj. Inglaterra avanza hasta los 40 yardas de los postes. El balón es enviado en espiral hacia atrás a Jonny Wilkinson, el chico de oro del rugby inglés, y en una fracción de segundo, realiza un drop kick para anotar y tener la oportunidad de alcanzar la inmortalidad deportiva. Es una historia asombrosa de presión, expectación y coraje, que rastrea las raíces del éxito hasta la profesionalización del juego en los 90 y que culmina en aquella gloriosa campaña de la Copa del Mundo de 2003 que convirtió la copa envenenada de Woodward en una copa de oro.
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