Una mujer recorre sola las calles de Moscú, subiendo y bajando de trenes del metro y pasillos subterráneos en su camino hacia una reunión que incluye una proyección de una película sobre un gato. Y eso es todo; o al menos así lo creen aquellos que consideran que la trama es la mejor parte del cine. El dúo Jahn-Dullius crea una película enigmática entre la abstracción y el trance. Porque al buscar esa pureza visual que históricamente está conectada con el cine experimental -tan lejos del teatro como de la palabra escrita-, dejan una cosa clara: el cine se trata de imágenes.
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