Volviendo sistemáticamente del revés las morales aceptadas, Elagabalus viste a los hombres como mujeres, y nombra a mujeres para el Senado, favorece a los siervos pecadores y humilla a los generales. Barroco y carnavalesco, Eliogabalo no es, sin embargo, una ópera que aboga por un regreso al orden. Leonardo García Alarcón, un descubridor de gemas barrocas, y Thomas Jolly tienen cuidado de no transformar a Eliogabalo en un icono sublime que humillaría a la virtud. Por el contrario, el director y el joven director, que presentan su primera producción para la Ópera de París, aceptan las contradicciones y ambigüedades del personaje.
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