Un número de trabajadores de la mina han ido a la huelga. Ebraam, que es el representante de los trabajadores, se ve obligado —bajo las amenazas del empleador— a firmar un contrato que hace que las condiciones sean aún más duras para los trabajadores. Abrumado por la vergüenza y la culpa, Ebraam se ahorca, y los habitantes del pueblo obligan a su esposa y a sus hijos, Aslaan y Salim, a abandonar su hogar. Se mudan al sur, y años después Aslaan, trabajando en la Autoridad Portuaria, logra proporcionar a Salim los medios para estudiar. Salim se va a la capital para continuar su educación, y Aslaan entra al servicio de Farrokh con el fin de robar la propiedad de Teymour, el contratista del puerto.
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