En su estudio, en su coche, Gérald Fox sigue al esquivo Boltanski que, en sus instalaciones, hace uso de retratos, recortes de periódico, revistas, álbumes de familia. El enfoque fotográfico, compuesto infinitamente, procede por yuxtaposición y acumulación. Cada plano, enmarcado en negro, está iluminado por bombillas visibles, el efecto de masa restaura lo individual: paredes de imágenes votivas que cuestionan la memoria, nuestro lado oscuro, el inevitable paso del tiempo, las huellas que quedan. Entre autoficción y realidad, Boltanski: ¿artista o creador (de belleza)?
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.