La película comienza propiamente cuando Baillie se sienta en el asiento del pasajero de un Honda más antiguo y filma una hora de conducción en la lluvia. La atención de Baillie se desplaza de las imágenes que pasan en la carretera a otros vehículos a las gotas de lluvia que se retuercen en el parabrisas. Bajo la narrativa en tiempo real, Baillie suministra una banda sonora, supuestamente en una cinta que se introduce en el reproductor de cassette de la radio del coche al inicio de la travesía, que satiriza programas de radio locales y folclóricos con fragmentos de películas, radio de la Edad de Oro, anuncios de servicio público y comentarios autoritarios de un niño incomprensible. La pista aporta un aire nostálgico a una película que carece de humanos como objetos pero está llena de meditación y imágenes poéticas sorprendentes, como un gran camión envuelto en la espuma de agua levantada por sus propias ruedas.
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