El 25 de noviembre de 1988, cuatro jóvenes secuestraron y retuvieron a Furuta Junko en la casa de uno de los captores. Sometida a violación, tortura y humillación, Junko no tenía esperanza de escapar ya que la búsqueda se vio frenada por los captores, que la obligaron a decirle a sus padres que estaba bien. Durante 41 días aterradores, Junko tuvo que soportar un sufrimiento inimaginable a manos de estos cuatro individuos. Finalmente, después de perder en un juego de mahjong solitario, la golpearon con un pesas de hierro y le prendieron fuego con líquido inflamable. Murió más tarde ese día por shock. En un intento de ocultar su crimen, la enterraron en cemento y así nació el nombre 'Caso de asesinato de instituto encerrado en hormigón' mientras que Japón tuvo que enfrentar los horrores de este crimen. Los perpetradores deshicieron del tambor en una parcela de tierra recuperada en Koto, Tokio.
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