La nacionalización de los bancos en Cuba por el gobierno de Fidel Castro trajo muchos preocupaciones tanto a los contrarrevolucionarios que huyeron del país como a los trabajadores ordinarios que se encontraron llamados a dirigir estas instituciones. García, enviado por los antiguos propietarios del banco a Roberto, su gerente, lo persuade para que lo ayude a entrar en el edificio del banco para robar los cheques del Banco Americano-Cubano. Roberto titubea: por un lado, los antiguos propietarios lo han convertido, a él, un simple contable, en gerente, pero por otro lado, no puede ir en contra del pueblo. Debe ayudar al trabajador Máximo, designado por el gobierno revolucionario como comisario del banco, a entender todas las intricaciones del caso. Máximo confía en él, consultándolo en todo.
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