En su primera película, Una oración por Nettie, Donigan Cumming había colocado a Albert en el centro del tributo póstumo a Nettie, su antigua modelo. Un año después, compuso Corta al loro, un nuevo réquiem destinado a Albert, que también murió en medio de una total indiferencia. Al igual que en su película anterior, el cineasta reunió una serie de elogios fúnebres en honor del fallecido por parte de las personas, algunas cercanas y otras no tanto, que se vieron emocionalmente afectadas por su muerte. Pero esta película se diferencia de la anterior en que parece basarse no solo en el respeto, sino también en una intensa ira. En varias ocasiones, Donigan filma su propio rostro y cuenta con ira cómo se enteró de la muerte de Albert o sobre su visita al depósito de cadáveres para identificar el cuerpo. A partir de entonces, el principio detrás de su búsqueda cinematográfica parece estar claramente expuesto: ninguna vida, por más marginal que parezca, debería terminar de esta manera, sin consideración alguna.
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