En 1995, algunos institutos de Beijing comenzaron a matricular a estudiantes de familias pobres, permitiéndoles asistir a la escuela de forma gratuita, para mantenerlos en el sistema educativo. Se les dio un gran nombre: “Estudiantes con aspiraciones”. Estos niños, que enfrentan una gran presión solo para sobrevivir, son una enorme inspiración, con su trabajo extraordinariamente duro, su diligencia y su autoestima. Son valientes al enfrentar lo que el destino les ha deparado y bailan, incluso sin música.
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