Sabíamos hacia dónde dirigirnos y más o menos dónde llegar, aunque nuestro itinerario hubiera tenido que variar sin duda según las condiciones en el momento del viaje. Sabíamos a qué hora partir. Sabíamos que en esta línea, por definición de dimensión infinita, había un significado que encontrar. Sabíamos a quién recurrir en caso de necesidad (Etienne-Jules Marey, Marcel Duchamp, Loïe Füller). Lo demás aún no existía. Una línea sirve de base para tejer una relación compleja e inesperada entre el cine y la danza, o entre el cine y la piel; entre el cuerpo del filme, la esencia del movimiento y el entorno sonoro que crea o que lo crea; entre el campo magnético, el sudor y la tecnología del éter. En busca de la magia de hoy, estas trayectorias se presentan como pruebas entre lo químico y lo quimérico, llenas de abstracción pero sobre todo concretamente presentes en el momento de su construcción.
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