La ciudad está abrumada por el consumismo y la información. El constante bombardeo de información comienza a pasar desapercibido para todos nosotros. No estamos ni aquí ni allá. Intentamos distinguir entre hecho y fabricación, pero no siempre lo logramos. Reflexionamos sobre nuestra existencia y si estamos en control de nuestras vidas. Algunas personas dedican sus vidas al Creador, aunque la presencia de una fuerza superior es debatible. Deambulamos de vacío en vacío y nos damos cuenta de que la vida es vacío en sí misma. Una revolución social es necesaria, pero ¿cómo debería llevarse a cabo? Sin éxito a la vista, ¿la revolución sería inútil? Las melancólicas reflexiones y diatribas de los jóvenes izquierdistas sombríos rara vez tienen respuesta.
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