Los granjeros de la Lohhof, la granja más grande de la zona, son muy conocidos por todos y gozan del mayor prestigio entre sus iguales, no en menor medida, porque nunca sufren escasez de agua. Cuando en tiempos de sequía el agua en todas partes se ha secado hasta convertirse en nada, el agua en la Lohhof es abundante y fresca. Pero un verano muy seco, la sequía llega también a la Lohhof, y esta vez, la fuente de agua se ha secado. Y así, con una varita de zahorí en la mano, uno de los antiguos campesinos de la granja se pone en marcha para encontrar una nueva fuente de agua. En un momento, la varita se dobla con tanta fuerza que casi se le escapa de las manos al anciano. Convencidos de que debe haber una enorme fuente de agua cerca, todos los granjeros de la Lohhof se ponen a trabajar para encontrar el nuevo pozo. Cavando durante mucho tiempo, pero cavando en vano: no encuentran agua, solo una extraña arena que es amarillenta, brillante y centellea con un brillo dorado al sol.
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