Imágenes de una soleada plaza del pueblo en Cerdeña dan lugar a reflexiones humorísticas y filosóficas sobre la realidad y el papel del creador de documentales que registra de manera objetiva. Van Gasteren ve la plaza como un telón de fondo en su película, y a los transeúntes casuales como extras. Luego, como un "director de la realidad", ofrece un comentario irónico sobre lo que ve. Por un momento pensé, de qué fuente de información estoy inventando lo que veo, o si simplemente vi exactamente lo que pensaba.
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