El show de Peter Morin, narrativo de manera deliberada, fantástico y simbólico, pedía una transposición cinematográfica en la que los objetos, las acciones, los gestos, sin perder nada de su poder, serían utilizados de manera diferente, liberados del tiempo real, la linealidad, el espacio teatral. El uso del lenguaje cinematográfico (es decir, numerosos encuadres, oposición de luz y oscuridad, movimiento de cámara, superposiciones, diferentes ritmos en la edición) permitió esta transposición.
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