Desconocidos atacantes amenazan la vida del científico británico Dr. Ronald Fergusson. Solo por casualidad fracasa el intento de dispararle en la calle. Fergusson, que no cree en la protección policial, contrata al detective privado Weber para su seguridad personal. Y una y otra vez, el científico obstinado dificulta a su guardaespaldas que repela nuevos intentos de asesinato. A pesar de que se le prohíbe expresamente hacerlo, abandona la casa. Lleno de malas sospechas, Weber busca a su cliente en la morgue, pero Vivian, empleada de Fergusson, no conoce al hombre muerto...
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