En esta instalación de video, Philipp Gufler se enfrenta a diferentes imágenes y conceptos de masculinidad que el arte ha producido a lo largo de los siglos: desde griegos vomitando y bien dotados, hasta el vanidoso Narciso, pasando por el Elvis Presley que dispara un arma de Andy Warhol. Las imágenes seleccionadas se imprimen en telas Lucent y detrás de ellas, el artista coquetea con poses masculinas y femeninas: fumando, aplicando maquillaje, anudando una corbata, etc. La referencia a la pintura "Pigmalión y Galatea" de Jean-Léon Gérôme puede considerarse el punto álgido irónico en cuanto al debate de género: la leyenda antigua del escultor dotado Pigmalión, que, en el espíritu de la Mirada Masculina, esculpe a su mujer perfecta en piedra, es una metáfora perfecta para la creación de una feminidad completamente artificial, como la que también encarnan los travestis. El prefijo trans- es sintomático de toda la puesta en escena de la película: las proyecciones y el artista parecen permearse y superponerse constantemente.
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