Sigue la lucha de Miranda Priestly contra Emily Charlton, su ex asistente convertida en ejecutiva rival, mientras compiten por los ingresos por publicidad en medio de la decadencia de los medios impresos y Miranda se acerca a la jubilación.
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Esta segunda entrega se mantiene fiel a la esencia de la primera y entrega lo que uno espera de una secuela. Anne Hathaway toma el control como Andy y la historia gira claramente alrededor de ella. Meryl Streep muestra a una Miranda más suave con el tiempo, algo lógico, aunque por momentos pierde coherencia con su perfil. El diseño de vestuario y las locaciones destacan y elevan la experiencia. Hay personajes y situaciones que no aportan demasiado, pero tampoco estorban. El arco de Emily Blunt (Emily) se siente algo inconcluso, mientras que Stanley Tucci (Nigel) termina de consolidarse como esa figura protectora y cercana para Andy. Las actuaciones de los cuatro protagonistas sostienen todo con solidez. Funciona, gusta, pero solo el tiempo dirá si alcanza el peso que tuvo la original en la cultura pop.
Acabo de ver El diablo viste de Prada en el cine y honestamente salí sintiendo muchísimo más de lo que esperaba. Es de esas películas que no se quedan en la superficie. No es solo moda, no es solo una revista, no es solo una historia de trabajo exigente. Hay muchas capas que se sienten más fuerte cuando la ves en otra etapa de tu vida. La primera vez que la vi era más joven, y ya me había impactado. Pero ahora, viéndola desde otro lugar, entendí cosas completamente distintas. Es increíble cómo una misma historia puede crecer contigo y mostrarte nuevas verdades. Algo que me marcó profundamente fue esa idea de que nadie es irreemplazable. Que puedes ser valioso, sí, pero eso no te hace indispensable. Y eso aplica para todos, incluso para quienes parecen tener todo el poder. Ver ese reflejo en Miranda Priestly fue fuerte, porque de alguna manera también muestra que todo lo que construyes puede cambiar en cualquier momento. Pero más allá de eso, lo que realmente se queda contigo es el mensaje sobre los valores. Sobre cómo lo que eres por dentro pesa mucho más que cómo te ves o lo perfecto que intentes ser. Hay una lucha constante entre encajar, cumplir expectativas y no perder tu esencia en el proceso. Terminé la película conmovida, incluso llorando, porque no es solo una historia de éxito o ambición. Es una historia sobre identidad, decisiones y lo fácil que es perderte tratando de ser lo que otros esperan de ti. Y también, sobre lo importante que es volver a ti. Definitivamente siento que tengo que verla otra vez. Porque hay muchos detalles, muchas conversaciones y muchos momentos que merecen ser entendidos con más calma. Es una película que evoluciona contigo. Y eso, para mí, la hace aún más especial.
Esperaba mucho más, quizá por toda la promoción y el hype que le dieron este año. Aun así, es una película bastante entretenida y perfecta para ver un domingo en casa. Tiene ese estilo de películas de los 2000 que alquilabas en Blockbuster o en un cine club y terminabas viendo mil veces. Tal vez esperaba que, con el paso del tiempo, la historia tuviera un poco más de profundidad, pero al final sigue siendo interesante. se siente prácticamente como una copia de la primera, solo adaptada a los tiempos actuales.
Me encantó. Digna sucesora.
Me encantó la evolución de los personajes, la manera en la que reflejaron la realidad. actual de las revistas y periódicos (tema con el que me identifiqué mucho como periodista). Al mismo tiempo la frescura de la película y como las relaciones humanas por muy difíciles que sean siempre pueden mejorar mediante la empatía y el entendimiento. 10/10
Me pareció que cerraron mejor la historia de los 4 personajes principales, algo que no hicieron en la primera parte. Pensaba que se sentiria forzada como varias películas de los 90s y 00s que les hacen secuelas pero ésta sí funcionó.