El desarrollo psicomotor de un niño pequeño seguido entre las edades de 8 y 18 meses sirve como recordatorio de cómo este potencial extraordinario para el desarrollo humano será muy rápidamente socavado por la captura de la atención del niño a través de las pantallas, con el objetivo de hacer de él o ella una parte tan buena como sea posible de la sociedad consumista lo más rápido posible. La película se basa en una discrepancia entre este fenómeno global de sacrificio infantil, con sus efectos devastadores, que es obra de los medios de comunicación de masas, y un lenguaje cinematográfico 'experimental' que no puede ser recuperado por lo que se conoce como la 'economía de la atención'.
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