Audrius Mickevičius presenta el horriblemente desfigurado rostro de su hermano asesinado al comienzo de su película. Es casi una meditación sobre la pregunta de si un acto final como el asesinato puede ser expiado en un orden temporal – y si el paso del tiempo permite a la familia de la víctima perdonar. Mickevičius utiliza el ejemplo de dos reclusos de por vida (uno de ellos se casa y quiere tener hijos, el otro vierte toda su pasión en una idea de artesanía) y un filósofo con experiencia en la cárcel para hacer que ese extraño estado de vida en suspenso sea comprensible.
Disponible en streaming y alquiler digital.